Han pasado ya seiscientos años desde que la Tierra fue destruida casi en su totalidad. Fueron los humanos quienes la destruyeron. Cuando una guerra terrible terminó...ellos aparecieron.
Bajaron de los cielos en túnicas blancas, resplandecientes, buscando los últimos vestigios de humanidad.
Fue después de unos días cuando el primero de ellos encontró unos pocos sobrevivientes. Pero dos escaparon y pudieron alertar a un campo de refugiados situado al este del mediterráneo.
Para esconderse de ellos cavaron refugios que con el paso del tiempo se convirtieron en una red de ciudades interconectadas.
Seiscientos años son. Los arcángeles aun buscan. No duermen, no descansan y no pararán hasta encontrarlos.
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--¿Y ahora que crees que esté sucediendo Clin?
--no es posible precisar las circunstancias, pero sin duda esta vez es un arcángel.
--Tienes razón, jamás hubieran actuado de esa manera si no.
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La oficina entera estaba esperando. Nerviosos observaban la pantalla principal.
Uriel estaba sentado en una roca. Su aura resplandeciente inundaba su alrededor de brillo. Elegante, soberbio. Con una mano apoyada en su rodilla sujetaba su barbilla. Parecía aburrido, el viento agitaba su blanco cabello. Sus ojos de fuego no miraban nada. Aguardaba.
--¿Está seguro jefe, que podremos obtener la información necesaria de Uriel?
Eso esperamos. Es el menos agresivo, podemos esperar buenos resultados al mandar a Erick.
Un estruendo se oyó en el pasillo. Como siempre, Erick había roto una alacena con equipo que estaba a la entrada de la oficina y su pequeño robot Clin moría de risa en el corredor.
“¡Eres un tonto Erick, no puede ser, siempre haces lo mismo!” Y su risa de ardilla borracha retumbaba en la oficina principal.
Cuando Erick entró, no hubo necesidad de decirle nada. Su brazo reaccionó inmediatamente. Uriel estaba en la pantalla, como lo había supuesto, uno de los siete. Pero…¿Uriel? Era demasiado peligroso. ¿Acaso intentaban...?
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El jefe dijo sin rodeos: “ésta es la situación. Necesitamos que subas y lo enfrentes, no esperamos que lo venzas, claro que no, pero necesitamos tiempo. Hemos elaborado un dispositivo que nos permitirá analizar a los arcángeles. A cada uno le acompaña un animal legendario, compuesto de los elementos químicos que conocemos. Sin embargo, ellos no parecen contener ningún átomo perteneciente a éste mundo. Necesitamos recopilar información, no logramos entender muchas cosas”.
Erick asintió. Desde que su entrenamiento había comenzado nunca había tenido un acercamiento cara a cara con alguno de ellos. La adrenalina causaba un efecto casi mágico en su rostro y sus blancos ojos se veían azules.
-------------------------------------------------------------------------------------
Cuando algunas ciudades ya se habían establecido, surgió una interrogante. ¿Vivirían escondidos por toda la eternidad?
Eso no era posible, de cuando en cuando era necesario salir a buscar alimentos que no se podían obtener bajo la tierra y la vida de los escuadrones que salían a buscarlos se arriesgaba.
El líder de aquél entonces recomendó la formación de guerreros que pudieran enfrentarse a ellos. No se esperaba que los derrotaran, pues la fuerza y habilidades de los arcángeles sobrepasaban cualquier expectativa. Se esperaba entonces, que los distrajeran, de manera que cuando el escuadrón estaba en riesgo, pudieran huir a la ciudad y completar la misión satisfactoriamente. El primero de ellos fue llamado X y le fue dada una mística y legendaria espada: excallibur. La espada no podía ser tocada por ningún ser humano, ya que elegía a su dueño. La espada tenia conciencia de sí misma y ese portador nace cada 1000 años. El laboratorio concibió una solución para que X blandiera a excalibur. Su brazo derecho fue amputado y en su lugar fue puesto un brazo biónico con las características necesarias para ser aceptado por la espada. Fueron hechas mas espadas a réplica y los guerreros que sucedieron a X las blandieron.
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Los entrenamientos eran extremos. X estuvo a punto de morir en varias ocasiones. Sin embargo y aunque pusiera parecer absurdo, eso aumentaba su fortaleza.
La familia de X había muerto a manos de un arcángel. En una extraña situación, Miguel había arremetido contra un grupo de pescadores en la costa oeste del mediterráneo.
Su brazo era una combinación de moléculas manipulados genéticamente para acoplarse a una clase de metal. Roca bastante extraña llamado piedra lunar.
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Se le humedecieron los ojos. Sería imposible precisar el sentimiento que produjo esas lágrimas. Justo frente a el estaba Uriel. Por debajo de su túnica se veían unos pies de nieve, hermosos. Todo él era una obra de arte. ¿Qué les hacía destruir a los pequeños hijos de Dios, los olvidados, los pobres, los miserables seres humanos? Todo eso cruzó por la mente de Erick al contemplarlo, recordó las masacres, la guerra. ¿En realidad era esto lo que deseaban?
Sus pensamientos se congelaron. Uriel se había levantado de la roca. Su expresión daba a entender que lo sabía, que lo había estado esperando. Alzó una mano al cielo y un relámpago inmenso se vio en medio de los dos. Las nubes negras ya venían tras de él. Lanzó una ráfaga de viento que Erick esquivó con dificultad: “Es demasiado rápido”. Pensó mientras acumulaba una técnica en su excalibur. El laboratorio estaba estupefacto. Erick corrió hacia él mientras liberaba su técnica mientras Uriel hacia crecer una roca justo entre la técnica y él. Uriel era el manipulador de la naturaleza. Impasible, su lobo blanco aguardaba, parecían tenerle sin cuidado las acciones de su amo. Erick atacaba con fuego pero Uriel respondía con hielo rojo. Esto no acabaría nunca. Ambos eran rápidos pero los ataques de Erick eran rebotados.
Un punto en la pantalla lateral comenzó a moverse. Uno de los de la oficina se dio cuenta. Los demás estaban pegados a la imagen de la batalla. Zadquiel se dirigía a acompañar a Uriel. El miedo se expandió como humo de cigarrillo por la oficina. Era el fin. A esa velocidad tardaría una hora en reunirse con Uriel. No había manera de sacar a Uriel en tan poco tiempo. Además el dispositivo aún no había sido enviado pues estaban esperando un momento oportuno.
La única opción era ayudarlo de alguna manera para poder escapar de los dos monstruos y obtener la información. Era muy arriesgado.
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X estaba en las instalaciones. Lo llamaron y entró sudado y con sus ropas hechas garras por el entrenamiento.
“Te unirás a Erick, es la única oportunidad que tenemos para que sobreviva”. Los blancos ojos de X se entornaron, tenía un mal presentimiento.
“Debes darte pisa y sacar a Erick de ahí, enviaremos una cabina que los traerá de regreso La colocaremos a dos kilómetros de la ubicación actual de Uriel. Contamos contigo”.
Lo vistieron. Subía a la superficie en la cabina mientras, nervioso, rezaba por llegar a tiempo.
------------------------------------------------------------------------------------
Había oscurecido, eran las nubes que Uriel había traído consigo. Ambos saltaban aquí y allá entre las rocas. Apenas podían verse.
La mayoría eran destellos rojos. El elemento favorito de Uriel: el fuego.
Erick hacia lo que podía, su excalibur liberaba la energía necesaria pero él ya estaba cansado. Su brazo de carne sangraba y tenía mucha sed.
miércoles, 30 de septiembre de 2009
jueves, 10 de septiembre de 2009
La lengua (Hablada, escrita y pensada. Un llamado a los lingüistas y pensadores).
Recientemente me he puesto a pensar: a veces el corazón y la mente tienen sensaciones que no se pueden explicar. Pero... acaso es válido que con el mejor sistema de comunicación que existe, el habla, sea imposible explicar todo lo que pasa a través de nuestra insulsa cabecita o nuestro terco corazón?
Cierto día observaba una serie un tanto sangrienta, bueno a decir verdad, muy sangrienta, con violencia psicológica y demás. Observé alrededor de dos horas unos tres o cuatro capítulos que trataban de un mismo tema.
Al terminar el maratón de hemorragias, no pude describir lo que sentía. Un sentimiento, sensación o percepción nueva para mí. Algo que no podía catologar en ninguno de los sentimientos existentes en mi vocabulario, me atrevo a decir que ni siquiera en el diccionario de la real academia española podría haber encontrado una definición para eso en aquellos momentos.
Luego, reparé en una sensación tan curiosa que me aborda desde niña. Antes me ocurría cada domingo, ahora, no conozco las razones exactas por las que se me desata un episodio. A veces es por el frío, a veces por la piyama (cuando me la dejo puesta todo el día) a veces por la escasez de gente o viceversa, cuando hay demasiada gente en mi casa, la cual consta de un espacio muy reducido. En fin, si bien no puedo determinar las causas, si puedo determinar una a una las reacciones que pasan en mi cuerpo: me da miedo, una especie de miedo-vergüenza, como cuando te hayas desnudo y presientes que alguien te observa (aunque eso no sea del todo cierto). Sin embargo, no sólo se limita a eso, ojos de luz que me observan, ganas de correr o de meterte dentro de una caja.
De vez en cuando me pasa en lugares públicos aunque generalmente lo sufro en la comodidad de mi hogar.
Entonces busco, nuevamente, entre mi acervo cultural un maldito nombre para designar todo aquello.
No lo encuentro.
¿Es un problema como mi mente? ¿Es un problema de confundir, mezclar y fundir diferentes sensaciones inconexas en una sola emisión de sensaciones?
No lo creo. Más bien es el idioma, el lenguaje, el que esta en pañales, incompleto, mentiroso y por eso no hay una palabra o palabras para llamar a algunos sentimientos, sensaciones e incluso pensamientos del hombre.
¿Caemos en algún error al llamarlo medio de comunicación?. En cuanto a esta última pregunta me extenderé un poco.
Voy por la calle en un hermoso día lluvioso, y me parece inventar mil canciones en mi cabeza, mil y un poemas y muchos pero muchísimos más pensamientos complejos como cavilar en la similitud entre las esencias de la tierra misma y la virilidad del hombre.
Esas cosas que al transcribirlos en papel parecen carecer de sentido.
Creo saber, o intento pensar, que no dispongo del material necesario para construir mis pensamientos. No puedo reproducir fielmente ni al papel ni a la voz con exactitud lo que pretendo comunicar. ¿Falla entonces mi idioma, el español? ¿Encontraré en el ruso, alemán o griego la posibilidad de dar a conocer mis canciones, las sinfonías de mi corazón?
Mucha gente, estoy segura, y lo he comprobado, piensa infinidad de cosas tan complicadas y profundas, que nunca en la vida serán capaces de externarlo y no creo que por el simple hecho de no querer hacerlo sino porque nos vemos imposibilitados por las palabras, la sintaxis y todas esas reglas de la lengua que muchas veces lo que hace es truncarnos e imposibilitar la verdadera comunicación. El hombre se comunica con frases pre-elaboradas, con códigos de cortesía, y formalidad. Convencionalidades ya establecidas para lograr al máximo una conexión superficial con todo congénere.
¿Queremos en realidad una conexión de esa insignificancia, tan mínima, tan reducida, tan mezquina?
Debemos hacer algo para cambiar la manera en que el lenguaje esta establecido.YA.
Cierto día observaba una serie un tanto sangrienta, bueno a decir verdad, muy sangrienta, con violencia psicológica y demás. Observé alrededor de dos horas unos tres o cuatro capítulos que trataban de un mismo tema.
Al terminar el maratón de hemorragias, no pude describir lo que sentía. Un sentimiento, sensación o percepción nueva para mí. Algo que no podía catologar en ninguno de los sentimientos existentes en mi vocabulario, me atrevo a decir que ni siquiera en el diccionario de la real academia española podría haber encontrado una definición para eso en aquellos momentos.
Luego, reparé en una sensación tan curiosa que me aborda desde niña. Antes me ocurría cada domingo, ahora, no conozco las razones exactas por las que se me desata un episodio. A veces es por el frío, a veces por la piyama (cuando me la dejo puesta todo el día) a veces por la escasez de gente o viceversa, cuando hay demasiada gente en mi casa, la cual consta de un espacio muy reducido. En fin, si bien no puedo determinar las causas, si puedo determinar una a una las reacciones que pasan en mi cuerpo: me da miedo, una especie de miedo-vergüenza, como cuando te hayas desnudo y presientes que alguien te observa (aunque eso no sea del todo cierto). Sin embargo, no sólo se limita a eso, ojos de luz que me observan, ganas de correr o de meterte dentro de una caja.
De vez en cuando me pasa en lugares públicos aunque generalmente lo sufro en la comodidad de mi hogar.
Entonces busco, nuevamente, entre mi acervo cultural un maldito nombre para designar todo aquello.
No lo encuentro.
¿Es un problema como mi mente? ¿Es un problema de confundir, mezclar y fundir diferentes sensaciones inconexas en una sola emisión de sensaciones?
No lo creo. Más bien es el idioma, el lenguaje, el que esta en pañales, incompleto, mentiroso y por eso no hay una palabra o palabras para llamar a algunos sentimientos, sensaciones e incluso pensamientos del hombre.
¿Caemos en algún error al llamarlo medio de comunicación?. En cuanto a esta última pregunta me extenderé un poco.
Voy por la calle en un hermoso día lluvioso, y me parece inventar mil canciones en mi cabeza, mil y un poemas y muchos pero muchísimos más pensamientos complejos como cavilar en la similitud entre las esencias de la tierra misma y la virilidad del hombre.
Esas cosas que al transcribirlos en papel parecen carecer de sentido.
Creo saber, o intento pensar, que no dispongo del material necesario para construir mis pensamientos. No puedo reproducir fielmente ni al papel ni a la voz con exactitud lo que pretendo comunicar. ¿Falla entonces mi idioma, el español? ¿Encontraré en el ruso, alemán o griego la posibilidad de dar a conocer mis canciones, las sinfonías de mi corazón?
Mucha gente, estoy segura, y lo he comprobado, piensa infinidad de cosas tan complicadas y profundas, que nunca en la vida serán capaces de externarlo y no creo que por el simple hecho de no querer hacerlo sino porque nos vemos imposibilitados por las palabras, la sintaxis y todas esas reglas de la lengua que muchas veces lo que hace es truncarnos e imposibilitar la verdadera comunicación. El hombre se comunica con frases pre-elaboradas, con códigos de cortesía, y formalidad. Convencionalidades ya establecidas para lograr al máximo una conexión superficial con todo congénere.
¿Queremos en realidad una conexión de esa insignificancia, tan mínima, tan reducida, tan mezquina?
Debemos hacer algo para cambiar la manera en que el lenguaje esta establecido.YA.
jueves, 23 de julio de 2009
continue
Cuando el espacio sin vidrios comenzó a escasear , me senté. Veía los cristales frente a mí y me puse a pensar en una solución. ¿Qué podría hacer para pasar al otro lado y preguntarle a alguien cómo podía regresar a casa? Después de todo,una vez que te sientes perdido, quieres volver a los lugares conocidos, aunque fuese horrible siquiera pensar en regresar.
...Si quería pasar nencesitaba unos zapatos bien duros...
Pensé en usar una piedra grande para amarrármela a los pies a semejanza de unos huaraches, pero eso parecía no ser posible; las piedras grandes sí que son raras. Asi que, metí muchas piedritas dentro de mi zapato hasta que cubriera toda la suela, calé los zapatos una y otra vez, sacaba las piedritas más puntiagudas y dejaba las planas. Me levanté y no se sentía tan incómodo pero si antes cojeaba, ahora caminaba como robot descompuesto.
El perrito en mis brazos y yo nos dirigimos a la ciudad, todavía faltaba un buen tramo hasta llegar a la primera edificación.
Una ciudad inundada de vidrios... ¿quién podría vivir en un lugar como este? Y una voz inconsciente dentro de mi dijo : "yo viviría aquí".
Me sobresalté por haber tenido pensamientos tan pendejos, aunque lo que había pasado en mi casa no era para nada despreciable como motivo para odiar al maldito pueblo en el que vivía.
Por fin le grite a una señora que estaba agachada en el piso, casi a la entrada de la ciudad.
-Señora!-grité sin darme cuenta que utilicé un tonito de desesperación muy desagradable.
La señora, un poco obesa, cargaba un bote en el cual iba colocando los cristales que habia en suelo, los medio desenterraba, los observaba bien, los alzaba y los veía a contraluz. ¿Qué es lo que quería encontrar? Relucían al sol, brillantes y transparentes. A decir verdad podía haber confundido algunos con algun diamante.
Me acerqué porque la gorda me ignoraba. Alomejor no grité lo suficientemente fuerte. Ahora que lo pensaba bien tenía sed y un cansacio terrible.
A unos kilómetros más había una máquina excavadora desenterrando los vidrios a donde pudieras ver había gente o máquinas desenterrándolos.
¿Qué significaba todo esto?
...Si quería pasar nencesitaba unos zapatos bien duros...
Pensé en usar una piedra grande para amarrármela a los pies a semejanza de unos huaraches, pero eso parecía no ser posible; las piedras grandes sí que son raras. Asi que, metí muchas piedritas dentro de mi zapato hasta que cubriera toda la suela, calé los zapatos una y otra vez, sacaba las piedritas más puntiagudas y dejaba las planas. Me levanté y no se sentía tan incómodo pero si antes cojeaba, ahora caminaba como robot descompuesto.
El perrito en mis brazos y yo nos dirigimos a la ciudad, todavía faltaba un buen tramo hasta llegar a la primera edificación.
Una ciudad inundada de vidrios... ¿quién podría vivir en un lugar como este? Y una voz inconsciente dentro de mi dijo : "yo viviría aquí".
Me sobresalté por haber tenido pensamientos tan pendejos, aunque lo que había pasado en mi casa no era para nada despreciable como motivo para odiar al maldito pueblo en el que vivía.
Por fin le grite a una señora que estaba agachada en el piso, casi a la entrada de la ciudad.
-Señora!-grité sin darme cuenta que utilicé un tonito de desesperación muy desagradable.
La señora, un poco obesa, cargaba un bote en el cual iba colocando los cristales que habia en suelo, los medio desenterraba, los observaba bien, los alzaba y los veía a contraluz. ¿Qué es lo que quería encontrar? Relucían al sol, brillantes y transparentes. A decir verdad podía haber confundido algunos con algun diamante.
Me acerqué porque la gorda me ignoraba. Alomejor no grité lo suficientemente fuerte. Ahora que lo pensaba bien tenía sed y un cansacio terrible.
A unos kilómetros más había una máquina excavadora desenterrando los vidrios a donde pudieras ver había gente o máquinas desenterrándolos.
¿Qué significaba todo esto?
lunes, 20 de julio de 2009
¿naniii!
Ya no me quedaba nada. Caminé hasta que los pies se me cayeran en pedazos, o al menos eso quería. Me detuve cuando vi a un perro pequeño doblando la esquina próxima. Había estado con los ojos hacia el piso las últimas horas, no sabía a ciencia cierta cuánto tiempo había estado caminando. El perro cojeaba. Hice un close-up a sus patitas: sangraban.
Ya me dolía el maldito cuello, así que por fin levanté la mirada. Bajo un cielo de atardecer se extendía un vasto desierto.
"¿Cómo diablos llegué a este lugar?", pensé.
Ésta vez también cojeaba yo, el cansancio supongo que debía de ser.
No daba crédito a lo que veía: el suelo estaba lleno de vidrios. Cristales que inundaban el suelo hasta donde alcanzaba la mirada. Era increible. Miré atrás y no había absolutamente nada tras de mí, así que volví a mirar al frente. A unos kilómetros más se alzaba una pequeña ciudad.
Y digo pequeña porque sólo observé un edificio gigante en el centro, con una extraña arquitectura rimbombante y unas casas viejas alrededor. Sin embargo, se oía un largo murmullo, el bullicio de un pequeño pueblo en las horas diurnas.
No pude contener la curiosidad, cargué al perrito y avancé decidamente cojeante.
Ya me dolía el maldito cuello, así que por fin levanté la mirada. Bajo un cielo de atardecer se extendía un vasto desierto.
"¿Cómo diablos llegué a este lugar?", pensé.
Ésta vez también cojeaba yo, el cansancio supongo que debía de ser.
No daba crédito a lo que veía: el suelo estaba lleno de vidrios. Cristales que inundaban el suelo hasta donde alcanzaba la mirada. Era increible. Miré atrás y no había absolutamente nada tras de mí, así que volví a mirar al frente. A unos kilómetros más se alzaba una pequeña ciudad.
Y digo pequeña porque sólo observé un edificio gigante en el centro, con una extraña arquitectura rimbombante y unas casas viejas alrededor. Sin embargo, se oía un largo murmullo, el bullicio de un pequeño pueblo en las horas diurnas.
No pude contener la curiosidad, cargué al perrito y avancé decidamente cojeante.
domingo, 14 de junio de 2009
guacala con todo
¿No te caga ser el mismo hoy,
mañana,
siempre?
¿No te caga ser el mismo todos
y cada uno de los malditos días?
¿todas las semanas, los dias del año?
¿No odias ver la misma cara en el espejo
¿no te enferma!
¿no te hace vomitar!
¿No te llena de sensaciones inconexas el mundo,
en el cual, tu rostro (¡oh el mismo desde que naciste!)
camina?
¿y necesita caminar?
oh no, ¡caminaremos siempre!
¿Quién no odia ya caminar?
¿Quién no lo llama un placer bajo?
¿Quién, con deseos inconmesurables
no desearía, por una vez
volar?
Cuando el tiempo me ha dejado la boca seca.
La peor sensación,
el arrepentimiento
¡Esta vez queria cambiar! ¡por eso!, la única cosa que yo quise proteger.
Cuando la ilusión es una bestia multiforme
y despreocupadamente...
te escupe en la cara...
mañana,
siempre?
¿No te caga ser el mismo todos
y cada uno de los malditos días?
¿todas las semanas, los dias del año?
¿No odias ver la misma cara en el espejo
¿no te enferma!
¿no te hace vomitar!
¿No te llena de sensaciones inconexas el mundo,
en el cual, tu rostro (¡oh el mismo desde que naciste!)
camina?
¿y necesita caminar?
oh no, ¡caminaremos siempre!
¿Quién no odia ya caminar?
¿Quién no lo llama un placer bajo?
¿Quién, con deseos inconmesurables
no desearía, por una vez
volar?
Cuando el tiempo me ha dejado la boca seca.
La peor sensación,
el arrepentimiento
¡Esta vez queria cambiar! ¡por eso!, la única cosa que yo quise proteger.
Cuando la ilusión es una bestia multiforme
y despreocupadamente...
te escupe en la cara...
jueves, 7 de mayo de 2009
renacimiento placerial
No me importa seguir usando esta pendejada como diario íntimo... es más... ya mi intmidad no me parece "privada". La vida de una persona debe ser transparente y congruente con el mundo. ¿De qué sirve ocultar cosas? Al final, la mente y el corazón de uno mismo está vacío. Son cosas meramente incidentales, el fondo de sí nadie lo puede ver. En fin, me justifico (¿y qué, algún problema?).
Analizando las tonterías que me han sucedido últimamente, me he dado cuenta de que pude evitar tanta fregadera.
Nos empeñamos en creer algo que no existe ni existirá. ¿Por qué será esa curiosa tendencia a ponerle una tela a los sentidos? ¡porque todos nos damos cuenta! ¡ímbeciles los que lo nieguen! Las cosas están ahi: el lenguaje corporal lo dice todo, además que eso de la intuición no es mero invento.
Como sea...
El malestar sobreviene cuando te das cuenta de que has estado haciendo cosas con el firme propósito de dañarte. ¡Wow!
Me he dado cuenta que la finalidad del ser humano no es, ni remotamente, ser feliz. Por el contrario, la autoflagelación es una necesidad inherente al hombre de nuestros días.
Primero en la época prehistórica la necesidad primordial era el placer por la sensacion de subyugar y gobernar. Después lo fue el esparcimiento, el goze, el placer por el placer (ojo, no la felicidad) y últimamente el hombre contemporáneo haya goze en sufrir. ¡Válgame si la sociedad está corrompida. Como sea, ya lo descubrí... bueno lo descubrí hace mucho, pero mi mente idealista no me permitía verlo con claridad.
Hoy sólo deseo una cosa...NADA jajaja
ahuuuuuuu (ahúyo como una loba en celo)
Placer por placer. Vayamos al renacimiento directamente.
Analizando las tonterías que me han sucedido últimamente, me he dado cuenta de que pude evitar tanta fregadera.
Nos empeñamos en creer algo que no existe ni existirá. ¿Por qué será esa curiosa tendencia a ponerle una tela a los sentidos? ¡porque todos nos damos cuenta! ¡ímbeciles los que lo nieguen! Las cosas están ahi: el lenguaje corporal lo dice todo, además que eso de la intuición no es mero invento.
Como sea...
El malestar sobreviene cuando te das cuenta de que has estado haciendo cosas con el firme propósito de dañarte. ¡Wow!
Me he dado cuenta que la finalidad del ser humano no es, ni remotamente, ser feliz. Por el contrario, la autoflagelación es una necesidad inherente al hombre de nuestros días.
Primero en la época prehistórica la necesidad primordial era el placer por la sensacion de subyugar y gobernar. Después lo fue el esparcimiento, el goze, el placer por el placer (ojo, no la felicidad) y últimamente el hombre contemporáneo haya goze en sufrir. ¡Válgame si la sociedad está corrompida. Como sea, ya lo descubrí... bueno lo descubrí hace mucho, pero mi mente idealista no me permitía verlo con claridad.
Hoy sólo deseo una cosa...NADA jajaja
ahuuuuuuu (ahúyo como una loba en celo)
Placer por placer. Vayamos al renacimiento directamente.
jueves, 30 de abril de 2009
A Elias
Dicen que la soledad marca a las personas.
En el caminar distraído, en los ojos displicentes.
Dicen que en la cara, ella teje un mascara.
Con hilos de soberbia
ella oculta nuestro verdadero rostro.
El que urga dentro de sus entrañas ya ha sido contaminado.
Dicen que la soledad marca a las pesonas.
La conciencia parecería algo fácil y asequible
pero el yo no está delimitado ni ordenado
más bien, esparcido y desorientado.
Juntar sus partes podría resultar imposible.
Dicen que la soledad marca a las personas.
Ajada y llagada
la conciencia generalmente no quiere dejarse tocar.
Algunos temen encontrar a áquel al que han tenido dormido
el que hace reclamos y pedidos.
El que sus berrinches en los sueños hace.
Dicen que la soledad marca a las personas
con una marca infernal en la frente.
.
El dolor es atado, pero las felicidades también.
Dicen que la soledad marca a las personas.
Que sus manos no son cálidas y que su aliento es congelante.
Que los besos que prodigan a otros labios
se escurren, se desbaratan en el aire
como meras falsificaciones.
Ellos no conocen el amor.
La soledad es una barrera impenetrable.
¿Acaso ellos conocerán la piedad, la ternura, el arrepentimiento?
El corazón podrido gusanos no admite .
Dicen que la soledad marca a las personas.
El dolor se hace carne y es desechado.
El miedo toca a la ventana y se asoma.
Los ojos se entornan y agachan la cabeza.
Dicen que la soledad marca a las personas.
No pueden conservar nada.
Intentan confiar
pero sus expectativas son grandes.
Dicen que la soledad marca a las personas.
Cuentan ¡ay! incluso, que en la noche hasta la oscuridad los abandona.
Dicen que la soledad marca a las personas.
Su últma consecuencia ¡oh paradoja! el odio se hace pensamiento.
El odio se hace creación. El odio imagina.
El odio hace cosas maravillosas.
El odio se convierte en Dios.
martes, 24 de marzo de 2009
>o
La casa se estaba cayendo a pedazos. La pared que dividía mi cuarto de la estancia se había derrumbado un día que mi compañera, accidentalmente, pasó muy cerca de ella. Ahora, la señora había reubicado mi pequeña habitación encima de una tarima en el centro del patio casi pegado a la ventana del baño.
Por más que busqué mis cuchillos no estaban. Seguramente entre todo el ajetreo del cambio se habían extraviado, o como quien dice se habían "traspapelado".
Este año mi familia vendría a ver el acontecimiento. No sé porqué ellos pensaban que esto era fascinante, que era como la reafirmación misma de la cultura, que debía de ser grandiosoparticipar en él. Yo, sin embargo,pensaba que era la cosa más grotesca, deshumanizante y humilladora que pudieran haber inventado los seres humanos.
Como sea, era algo a lo que nadie podía escapar y mucho menos yo.
Al llegar al lugar lo primero que nos exigieron fueron las ropas. Me desnudé y sentí algo diferente a la vez pasada. La vez anterior me valía si tenía ropa o no, era esa indiferencia que me hacia fuerte.
Esta vez los ojos estaban sobre mí y yo sólo desviaba la mirada intentando ocultar mis pequeños senos. Todos eramos bastante blancos y eso me daba aun más pudor, la ausencia de color en nuestros cuerpos nos daban algo de inferioridad.
Uno, dos, tres sopletes de fuego se encendían intermitentemente mientras ascendíamos a la cumbre del ecenario. Saltabamos uno cuando el otro y se estaba encenciendo, había quienes no podían hacerlo con la rapidez necesaria y salían volando por la presión del magma.
Cuando llegamos arriba (los escogidos, dirían algunos) entramos al lugar. Una cueva gigante llena de vapores calientes y al centro el lago de magma caliente. Se veía muy limpio, muy rojo.
Nos pidieron las armas.
"Maldición, ni siquiera recordé comprar una espada"- pensé, pero pareció que lo dije porque el sensor comenzó a verme fijamente,
-¿No traes tu arma?
-No. Yo iba a comprar una espada porque mis cuchillas se traspapelaron (y dale con la mentada traspapelación)-dije desviando la mirada esta vez hacia el suelo.
-Las cuchillas no se "traspapelan", además cada quien tiene que usar las armas que le fueron dadas.
-Pues ya le dije lo que paso con las mías.
Todos entraron al lago, desnudos, con miedo, el dolor y la sangre ya se podía ver en sus delgados cuerpos. Podía ser el último día de sus vidas. Mientras, la multitud de expectadores formada por padres, hermanos, tios y abuelos de cada uno de los participantes, animaba a los muchachos.
El año pasado sin temor tomé mis cuchillas, a decir verdad, eran la mejor arma de todas para enfrentarlo. Mi cuerpo blanco, debil, pequeño, frágil, se sentía indiferente ante todo eso. Nadé. El calor era horrible pero tenía que hacerlo, o era él o era yo. Mientras mis compañeros observaban atemorizados, fui por debajo de él y rebané sus piernas. Como pude subí y corté su cabeza. Todo fue muy rápido, al menos, yo solo recuerdo unos instantes.
El dragón nadaba hacia la superficie. No tenía ningun arma conmigo. Este era el final, o algo muy parecido al final.
Por más que busqué mis cuchillos no estaban. Seguramente entre todo el ajetreo del cambio se habían extraviado, o como quien dice se habían "traspapelado".
Este año mi familia vendría a ver el acontecimiento. No sé porqué ellos pensaban que esto era fascinante, que era como la reafirmación misma de la cultura, que debía de ser grandiosoparticipar en él. Yo, sin embargo,pensaba que era la cosa más grotesca, deshumanizante y humilladora que pudieran haber inventado los seres humanos.
Como sea, era algo a lo que nadie podía escapar y mucho menos yo.
Al llegar al lugar lo primero que nos exigieron fueron las ropas. Me desnudé y sentí algo diferente a la vez pasada. La vez anterior me valía si tenía ropa o no, era esa indiferencia que me hacia fuerte.
Esta vez los ojos estaban sobre mí y yo sólo desviaba la mirada intentando ocultar mis pequeños senos. Todos eramos bastante blancos y eso me daba aun más pudor, la ausencia de color en nuestros cuerpos nos daban algo de inferioridad.
Uno, dos, tres sopletes de fuego se encendían intermitentemente mientras ascendíamos a la cumbre del ecenario. Saltabamos uno cuando el otro y se estaba encenciendo, había quienes no podían hacerlo con la rapidez necesaria y salían volando por la presión del magma.
Cuando llegamos arriba (los escogidos, dirían algunos) entramos al lugar. Una cueva gigante llena de vapores calientes y al centro el lago de magma caliente. Se veía muy limpio, muy rojo.
Nos pidieron las armas.
"Maldición, ni siquiera recordé comprar una espada"- pensé, pero pareció que lo dije porque el sensor comenzó a verme fijamente,
-¿No traes tu arma?
-No. Yo iba a comprar una espada porque mis cuchillas se traspapelaron (y dale con la mentada traspapelación)-dije desviando la mirada esta vez hacia el suelo.
-Las cuchillas no se "traspapelan", además cada quien tiene que usar las armas que le fueron dadas.
-Pues ya le dije lo que paso con las mías.
Todos entraron al lago, desnudos, con miedo, el dolor y la sangre ya se podía ver en sus delgados cuerpos. Podía ser el último día de sus vidas. Mientras, la multitud de expectadores formada por padres, hermanos, tios y abuelos de cada uno de los participantes, animaba a los muchachos.
El año pasado sin temor tomé mis cuchillas, a decir verdad, eran la mejor arma de todas para enfrentarlo. Mi cuerpo blanco, debil, pequeño, frágil, se sentía indiferente ante todo eso. Nadé. El calor era horrible pero tenía que hacerlo, o era él o era yo. Mientras mis compañeros observaban atemorizados, fui por debajo de él y rebané sus piernas. Como pude subí y corté su cabeza. Todo fue muy rápido, al menos, yo solo recuerdo unos instantes.
El dragón nadaba hacia la superficie. No tenía ningun arma conmigo. Este era el final, o algo muy parecido al final.
martes, 10 de marzo de 2009
Dolor de ojos
Me duele la cabeza. Me cuesta admitir que tengo eso que todos llaman "miedo". Según yo, para mí eso no existía, pero está aqui. Supongo que es algo adherente al hombre.
Me sobra vida. Desbordo vida. No sé qué hacer con ella. La malgasto, la destruyó, la desperdicio. ¿Debo darle esa vida que me sobra a alguien más? ¿alguien la querrá?. No sé, por ahora sólo la tiro por ahi, no dando vida, sino tirándola al piso, a ver si alguien la recoge.
Me duelen los ojos, estoy harta de ser espectadora en mi propia e insignificante vida. El teatro del mundo y yo ni siquiera soy parte del reparto. Ya no quiero observar, me he cansado de observar. Ya ni siquiera veo bien. ¿Esto es fatalismo? No lo creo, más bien, el ser que observa (yo) nunca ha sido bienvenido.
Me sobra vida. Desbordo vida. No sé qué hacer con ella. La malgasto, la destruyó, la desperdicio. ¿Debo darle esa vida que me sobra a alguien más? ¿alguien la querrá?. No sé, por ahora sólo la tiro por ahi, no dando vida, sino tirándola al piso, a ver si alguien la recoge.
Me duelen los ojos, estoy harta de ser espectadora en mi propia e insignificante vida. El teatro del mundo y yo ni siquiera soy parte del reparto. Ya no quiero observar, me he cansado de observar. Ya ni siquiera veo bien. ¿Esto es fatalismo? No lo creo, más bien, el ser que observa (yo) nunca ha sido bienvenido.
martes, 3 de marzo de 2009
un jipi world
Dentro de poco sería el festival. Una columna de papeles (o algo parecido al algodón), seres extraños y cosas pegajosas se juntarían en la plaza central.
- No me gusta este jodido festival- dijo Aurú desde su asiento.
-A mi tampoco, es más, creo que esta vez apestará más que el año pasado-advierte Tarara con el ceño fruncido y la boca torcida.
-¡Bah! no te procupes demasiado, esta vez tengo un plan.
A pesar de que el cielo cambiaba constantemente de color, esta vez se encontraba pacificamente establecido un azul muy tenue, casi blanco. Las calles curvas que formaban una espiral de la ciudad, mantenían su verde frondoso con unos toques de negro.
Pasados dos días la bola gigante empezaba a crecer. La gente era incapaz de moverla aunque ésta fuera de un tamaño insignificante. Crecía con rapidez a lo largo de los días hasta alcanzar proporciones titanicas.
Aurú caminaba despacio, pretendía divisar a chicos guapos entre la multitud (si tenían la greña larga era aún mejor).
Tres días de taco de ojo y tambien tres días donde las cosas empezaban a oler mal, muy mal.
"maldición, lo que me temía, esta vez olerá peor" se decía una y otra vez como queriendo parecer preocupada.
"¡Aurú!". Grita Tarara desde un extremo de la plaza sacudiendo las manos.
El plan estaba en marcha.
Era muy arriesgado pero el que el padre de Tarara fuera el alcalde de la ciudad facilitaba las cosas.
"Robé las llaves anoche" dice Tarara, ahora sí preocupada.
Cuando Aurú abría la boca para contestar, la bola imensa empezó a gritar. Los seres extraños ya salen, la gente tendrá que matarlos ahora, esta vez era un poco dificil de imaginar hasta qué proporciones crecería... el año pasado media ciudad fue destruida y ésa bola no le llegaba a los talones a esto.
Corrió aprisa, se trepó a las escaleras más cercanas al resguardo de agua de la ciudad. Si esto no funcionaba... entonces nada lo haría.
Aurú ,ya con las llaves en la mano, entró al lugar. Estaba oscuro y trató de recordar las instrucciones de Tarara para abrir la presa.
Una palanca, luego dos botones azules y al último, el rojo.
El agua corrió y Aurú quedó atrapada contra la pared y el chorro de agua que salía despotricada contra su estómago.
"Diablos..." (¿por qué siempre tenía que maldecir?) Se sumergió y abrió la compuerta. El agua corrió en la direccion que estaba prevista, justo hacia la bola titanica.
El agua arrasó con la bola y de paso con la plaza, las casas, los hombres, las niñas, los niños, los árboles...
--¡John!- dice Yoko muy preocupada. ¡Te esta saliendo espuma verde del ombligo!
¡Con una chingada, ya metete a bañar!
-- ¡NO! que hueva, todavía faltan tres días.
- No me gusta este jodido festival- dijo Aurú desde su asiento.
-A mi tampoco, es más, creo que esta vez apestará más que el año pasado-advierte Tarara con el ceño fruncido y la boca torcida.
-¡Bah! no te procupes demasiado, esta vez tengo un plan.
A pesar de que el cielo cambiaba constantemente de color, esta vez se encontraba pacificamente establecido un azul muy tenue, casi blanco. Las calles curvas que formaban una espiral de la ciudad, mantenían su verde frondoso con unos toques de negro.
Pasados dos días la bola gigante empezaba a crecer. La gente era incapaz de moverla aunque ésta fuera de un tamaño insignificante. Crecía con rapidez a lo largo de los días hasta alcanzar proporciones titanicas.
Aurú caminaba despacio, pretendía divisar a chicos guapos entre la multitud (si tenían la greña larga era aún mejor).
Tres días de taco de ojo y tambien tres días donde las cosas empezaban a oler mal, muy mal.
"maldición, lo que me temía, esta vez olerá peor" se decía una y otra vez como queriendo parecer preocupada.
"¡Aurú!". Grita Tarara desde un extremo de la plaza sacudiendo las manos.
El plan estaba en marcha.
Era muy arriesgado pero el que el padre de Tarara fuera el alcalde de la ciudad facilitaba las cosas.
"Robé las llaves anoche" dice Tarara, ahora sí preocupada.
Cuando Aurú abría la boca para contestar, la bola imensa empezó a gritar. Los seres extraños ya salen, la gente tendrá que matarlos ahora, esta vez era un poco dificil de imaginar hasta qué proporciones crecería... el año pasado media ciudad fue destruida y ésa bola no le llegaba a los talones a esto.
Corrió aprisa, se trepó a las escaleras más cercanas al resguardo de agua de la ciudad. Si esto no funcionaba... entonces nada lo haría.
Aurú ,ya con las llaves en la mano, entró al lugar. Estaba oscuro y trató de recordar las instrucciones de Tarara para abrir la presa.
Una palanca, luego dos botones azules y al último, el rojo.
El agua corrió y Aurú quedó atrapada contra la pared y el chorro de agua que salía despotricada contra su estómago.
"Diablos..." (¿por qué siempre tenía que maldecir?) Se sumergió y abrió la compuerta. El agua corrió en la direccion que estaba prevista, justo hacia la bola titanica.
El agua arrasó con la bola y de paso con la plaza, las casas, los hombres, las niñas, los niños, los árboles...
--¡John!- dice Yoko muy preocupada. ¡Te esta saliendo espuma verde del ombligo!
¡Con una chingada, ya metete a bañar!
-- ¡NO! que hueva, todavía faltan tres días.
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